miércoles, 26 de junio de 2019, 04:52

Las divergencias en el seno de Ciudadanos Ourense se multiplican a tres días de constituirse la Diputación. Todos quieren sentarse en el ente provincial y solo hay una plaza. Laureano Bermejo, secretario de organización en Galicia, y el concejal en la capital, José Araújo, no solo no están de acuerdo en quién debe ser el elegido, sino también en la oportunidad de sumarse al pacto de gobierno propuesto por  Baltar. Araújo está por la labor, Laureano se opone radicalmente. El primero cree que hay que pensar en Ourense y el segundo sigue los dictados de Madrid. Ambos tienen seguidores y la división del partido es un hecho. Quién ganará el pulso? El próximo viernes saldremos de dudas. 

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Todos sabemos como nació Ciudadanos, con el apoyo económico de Isidro Fainé preocupado por la situación en Cataluña. Albert Rivera puso su imagen y un grupo de empresarios aportaron recursos y equipos. Después se sumaron otros filántropos como Emilio Botín y algunos más discretos. Y ahora los miembros del IBEX quieren cobrarle el favor a don Albert. Le exigen que pacte con Sánchez para neutralizar a Podemos y a los independentistas, tan simple como eso. Rivera se niega y comienza la presión mediática y la partida de ajedrez en el seno de la organización naranja. Toni Nadal es el primero que anuncia su marcha y su líder espiritual, Luis Garicano, no tardará en seguirle. Lo cierto es que Rivera resiste.

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Jesús Vázquez no se quiere ir por las buenas. Quiere dar guerra y ponérselo difícil tanto a Jácome como a Baltar. No acepta que el éxito de DO es su fracaso. Cuatro años de alcalde y tres concejales menos es un balance difícil de defender. La mayoría absoluta en la Diputación se perdió en la capital, lo ha recordado Baltar para pedir su cabeza. Vázquez se tiene que ir al Senado y dar las gracias a don Alberto por no enviarlo de vuelta a la universidad. Ser el ariete contra el presidente Baltar ha dejado de cotizar en la bolsa política popular. Un PPdG dividido garantizaría al PSOE recuperar un escaño que puede ser decisivo para la continuidad de Feijoo en la Xunta. Y eso es lo que importa.

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Las divergencias en el seno de Ciudadanos Ourense se multiplican a tres días de constituirse la Diputación. Todos quieren sentarse en el ente provincial y solo hay una plaza. Laureano Bermejo, secretario de organización en Galicia, y el concejal en la capital, José Araújo, no solo no están de acuerdo en quién debe ser el elegido, sino también en la oportunidad de sumarse al pacto de gobierno propuesto por  Baltar. Araújo está por la labor, Laureano se opone radicalmente. El primero cree que hay que pensar en Ourense y el segundo sigue los dictados de Madrid. Ambos tienen seguidores y la división del partido es un hecho. Quién ganará el pulso? El próximo viernes saldremos de dudas. 

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Todos sabemos como nació Ciudadanos, con el apoyo económico de Isidro Fainé preocupado por la situación en Cataluña. Albert Rivera puso su imagen y un grupo de empresarios aportaron recursos y equipos. Después se sumaron otros filántropos como Emilio Botín y algunos más discretos. Y ahora los miembros del IBEX quieren cobrarle el favor a don Albert. Le exigen que pacte con Sánchez para neutralizar a Podemos y a los independentistas, tan simple como eso. Rivera se niega y comienza la presión mediática y la partida de ajedrez en el seno de la organización naranja. Toni Nadal es el primero que anuncia su marcha y su líder espiritual, Luis Garicano, no tardará en seguirle. Lo cierto es que Rivera resiste.

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Jesús Vázquez no se quiere ir por las buenas. Quiere dar guerra y ponérselo difícil tanto a Jácome como a Baltar. No acepta que el éxito de DO es su fracaso. Cuatro años de alcalde y tres concejales menos es un balance difícil de defender. La mayoría absoluta en la Diputación se perdió en la capital, lo ha recordado Baltar para pedir su cabeza. Vázquez se tiene que ir al Senado y dar las gracias a don Alberto por no enviarlo de vuelta a la universidad. Ser el ariete contra el presidente Baltar ha dejado de cotizar en la bolsa política popular. Un PPdG dividido garantizaría al PSOE recuperar un escaño que puede ser decisivo para la continuidad de Feijoo en la Xunta. Y eso es lo que importa.

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