miércoles, 26 de junio de 2019, 04:54

Una izquierda más cerca de Saraiva de Carvalho que de Olof Palme

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El nivel de nuestra clase política es para echar a correr. Es verdad que en otros órdenes de la vida las cosas no van mejor. Me asomo a la campaña de las municipales y me entran ganas de llorar. No descarto que algún día, no muy lejano, veamos de alcalde de A Coruña a Cañita Brava, por lo menos nos íbamos a reir un rato. No hay derecho a que aquellos que no alcanzan el éxito en su profesión acudan a vivir de la política. Siempre pensé que a la gestión pública se iba a prestar un servicio durante un tiempo determinado, más bien corto y no a buscar un sueldo para toda la vida. Craso error el mío. Y si hablamos de ideologías y de proyectos de país, la cosa empeora. Tenemos una derecha empeñada en cuadrar las cuentas, al precio que sea, para que Europa no nos riña y a una izquierda decimonónica que solo piensa en amolar a los ricos. Recuerdo una conversación, allá por el año 1975, entre el líder de la llamada Revolución de los Claveles, el general Otelo Saraiva de Carvalho y el primer ministro sueco, Olof Palme. El militar luso le comentó satisfecho al social demócrata que su objetivo era "acabar con todos los ricos de Portugal" a lo que Palme le respondió "que en Suecia pretendían todo lo contrario, acabar con los pobres".


La izquierda española tiene la misma mentalidad que el general Otelo Saraiva, cree que todo se soluciona cargándose a los ricos y lo peor es que sus votantes están de acuerdo. Los ricos (empresarios, financieros y profesionales de prestigio) son un peligro que hay que conjurar. Hay que borrar de un plumazo a la clase media y así podremos ser todos iguales. Cierto, porque así todos seremos pobres. Para comprobarlo solo tenemos que echar un vistazo a la situación de Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Nicaragua o cualquier otro país comunista.


¿Dónde están los herederos españoles de Olof Palme? Felipe González renunció al socialismo para declararse social demócrata. Le gustaba la manera de proceder de la izquierda nórdica, que apoyaba la gestión y la propiedad privada y que hacía un reparto social de los beneficios a través de los impuestos. Así consiguieron el admirado estado del bienestar que hoy aún disfruta buena parte de Europa.


Olof Palme murió asesinado a la salida de un cine, nunca llevó escolta, creía en el ser humano. Algo parecido le está ocurriendo a la social democracia, agoniza sin que nadie mueva un dedo para mantenerla viva; con la falta que nos hace.