domingo, 15 de septiembre de 2019, 22:53

Bismarck hablaba de cuatrocientos años, no de toda la vida

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Elección tras elección los números se repiten, mitad del país se alinéa con la izquierda y la otra mitad con la derecha. Da igual que sean elecciones municipales, autonómicas o generales, hay dos "españas" enfrentadas a cara de perro. Hasta la irrupción de Podemos, existía una masa de votantes de más menos millón y medio de ciudadanos que daban la victoria a PSOE o PP, dependiendo de las circunstancias. A veces se decantaban por la social democracia y otras por el liberalismo, eran gente independiente, sin filias ni fobias, que garantizaban gobiernos solventes. Si, ya se que los nacionalistas llevan toda la vida condicionando la gobernabilidad de España pero no lo hacían por el interés, si no por el capital, como decía el cómico. Cobraban su soldada y garantizaban una legislatura sin sobresaltos. Ahora todo se ha desmadrado, los nacionalistas declaran la independencia, los podemitas se ciscan en la Constitución y ambos junto con una parte del PSOE abogan directamente por la república. Parece como si el país se nos hubiera ido de las manos. A la irrupción de Podemos por la izquierda extrema ha respondido la extrema derecha de Vox. Se palpa en el ambiente cierta dosis de irritabilidad, de desprecio hacia el que piensa distinto. Hemos recuperado términos como fascista, comunista, sectario, para lanzárnoslos a la cabeza unos a otros y me preocupa. Cuanto más nos alejamos de la Guerra Civil más presente está en nuestras vidas. Hay interés en romper la concordia alcanzada en el 78. Tenemos que olvidarnos de los crímenes de ETA, es el pasado dicen algunos, pero esos mismos están empeñados en revivir el enfrentamiento fraticida del 36. Decía Otto von Bismarck que "España era el país más fuerte del mundo, llevan los españoles cuatrocientos años intentando cargársela y no son capaces". Cierto, pero si seguimos así acabará por cascar.  Me alegra que los resultados electorales no hayan acompañado a los voceros de uno y otro extremo. Aguardo que la normalidad y el respeto se vuelvan a instalar en nuestra política. Y deseo que nuestros dirigentes acierten en su cometido.