martes, 7 de julio de 2020, 07:09

Y ahora ? (I)

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Bueno, pues esperemos que se haya terminado ya la fiesta, por no decir el aquelarre, de las últimas semanas. O por lo menos, no deberíamos tratar de alargarla, más allá de estos días de póker y sueños truncados. Han sido días interminables de vinos agrios y rosas marchitas, de impudor, ignorancia e impostura y tengo la sensación desazonadora e irremediable de que las personas que hemos elegido no cumplen, en general y con las honrosas excepciones de rigor,  con los mínimos requisitos morales e intelectuales que la representación política democrática requiere.


Así pues, cojamos los mimbres que nuestra sociedad ha tenido a bien proporcionarnos y manos a la obra. Antes de nada, intentemos superar el feroz sectarismo personal y partidista de la campaña y encendamos las luces largas para poder afrontar, con espíritu de País, algunos de los grandes asuntos que, de verdad, ocupan y preocupan a los españoles. 


Sin más dilaciones injustificables e injustificadas, como muy bien señalaba ayer el Banco de España entre otras cuestiones de urgencia, sentarse a construir el futuro de un sistema de pensiones justo, suficiente y sostenible, que permita a generaciones futuras disfrutar del útimo tramo de sus vidas sin la presión de la incertidumbre. Pero todos sabemos que en las democracias hay que realizar varias tareas a la vez, porque, al igual que en el Universo, todo está relacionado.


Así que, también tenemos que afrontar un cambio urgente de modelo económico, mantra milenario de la política y la economía en España, mil veces repetido y nunca concretado. Un modelo, con especial énfasis en lo industrial, que pase del cemento al conocimiento y de la hostelería a la digitalización.


Nada sería factible, sin embargo, si no solucionamos la gravísima amenaza que supone para nuestro futuro social y productivo el envecimiento de la población. Una cuestión también manoseada hasta el delirio en las parrafadas políticas y jamás abordada con seriedad por nuestros próceres. Un problema crucial que tiene mucho que ver con un debate sereno y libre de prejuicios sobre las migraciones en nuestro siglo.


La lista de trabajos pendientes desde hace más de una década es larga y no existen apartados menores. Cada minuto perdido de esta legislatura nos acerca a un nuevo fracaso en un mundo que evoluciona a velocidad de vértigo. Pongamos al máximo nuestras meninges, nuestra creatividad y nuestra audacia para abrazar el futuro. Sólo nos vale la victoria.