martes, 7 de julio de 2020, 07:16

Y Ahora ? (y II)

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Party is over. Decíamos en la primera parte de estas reflexiones sobre el inmediato futuro del país que la fiesta se ha acabado. O debería. Es el momento de poner la defensa del sistema democrático y constitucional y de la idea de Europa por delante de narcisismos, ambiciones personales, ideologías rancias e intereseses partidarios. Es el momento de Os Bós e Xenerosos, de los valientes, de los audaces.


Generosidad para elaborar una Ley de Educación libre de prejuicios sectarios populistas y de aromas a incienso, que dure al menos una generación y se convierta en el pilar de carga de nuestro sistema democrático y de nuestro bienestar económico y social. Valentía para reconstruir sin demagogias ni apriorismos la joya de la corona, la gran igualadora de nuestro sistema: la sanidad pública. Coraje para impulsar una ciencia y una investigación que han sido maltratadas con una pulsión casi suicida por todos los gobiernos que en este país se han sucedido.


Es indispensable afrontar las reformas que nos permitan cerrar de una vez por todas la arquitectura territorial de España, definir el papel de cada institución, replantear el papel de la división provincial, reconvertir el Senado en sede de la Conferencia de Presidentes y Cámara de resonancia de las cuitas y anhelos autonómicos. Una Ley Electoral que otorgue a cada uno lo que en justicia le corresponda según la verdadera voluntad de los ciudadanos. 


Recuperar nuestra influencia en Europa, despilfarrada durante más de dos décadas por gobiernos mediocres y miopes, en un momento en el que el combate entre la libertad y el populismo en el Continente adquiere tintes de urgencia y lucha por la supervivencia. Una lucha que en España adquiere todo el sentido en actuar de una manera firme  y contundente contra las constantes amenazas totalitarias de los nacionalistas, el verdadero peligro que acecha a nuestra democracia, más allá de los fantoches trifálicos  los nostálgicos de la III Internacional.


Y por supuesto, es urgente regenerar la fibra ética y estética de la sociedad, la verdadera alma de un pueblo,  desgastada por años de corrupción y clientelismo, autocomplacencia y mediocridad intelectual.


Los resultados electorales han consagrado un escenario en el que deberían predominar la moderación y el consenso. Los extremos han sido castigados y los ciudadanos hemos dictado sentencia: sensatez y acuerdos. Que nadie caiga en la tentación de interpretar los votos como adhesiones o sacralizaciones. Necesitamos liderazgo, no pastoreo.