martes, 23 de julio de 2019, 20:42

Lo mejor de Europa

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Europa es capaz de lo mejor y de lo peor. Este continente ha visto nacer la democracia y la dictadura, la imprenta y la dinamita, la paz y la guerra. En Europa están algunos de los países con la mejor calidad de vida del mundo, como Dinamarca, Holanda o Suecia; pero también estamos viendo recorrer de nuevo el fantasma de los nacionalismos más excluyentes y de los populismos de izquierdas y de derechas más peligrosos. Las peores conflagraciones bélicas que ha conocido la Humanidad con algunos de los peores genocidios han tenido lugar en Europa, como las dos guerras mundiales o la guerra de Yugoslavia; pero Europa también ha sido cuna del derecho internacional humanitario, del Comité Internacional de la Cruz Roja o de las organizaciones internacionales sin las que ya no podemos concebir la cooperación entre países.

Europa ha dado a luz a los fascismos, que tanto sufrimiento han causado, pero también a los partidos verdes o liberales, cuya vitalidad está insuflando de europeísmo un continente asolado por amenazas internas y externas que han querido debilitar a una de las mejores creaciones de la historia de la humanidad, sin paliativos: La Unión Europea. Sin parangón en el tiempo ni en el espacio, criticada desde el desconocimiento y desde la desconfianza, la Unión Europea es la principal -no la única- artífice del mayor período de paz en toda la historia de Europa, continente de grandes imperios, de grandes ejércitos y de grandes guerras. Desde hace casi setenta años, no ha habido ni una sola bala que haya recorrido el territorio de aquellos países que se han incorporado a la integración europea, desde la originaria Comunidad Europea del Carbón y del Acero, hasta la actual Unión Europea.

Las últimas elecciones al Parlamento Europeo, institución que concentra el poder en la Unión junto con el Consejo, han puesto de manifiesto que el futuro de Europa -al menos el inmediato- ya no está sólo en manos de la derecha ni de la socialdemocracia. Sobre todo, lo más importante es que el futuro de Europa no está en manos de euroescépticos ni antieuropeístas, cuya presencia, siendo importante, es mucho menor de lo esperado y en modo alguno decisiva. El pueblo europeo ha llenado las urnas de más Europa. El crecimiento de verdes y liberales en las últimas elecciones europeas nos sitúa ante un presente en que la mayoría en la eurocámara ya no es azul ni roja; y ante un futuro en el que, quizá, verdes y liberales puedan adaptarse mejor a las tendencias de una sociedad europea que parece dispuesta a aprender de su pasado para salvar su futuro. Lo mejor de Europa, de momento, está a salvo y está por venir. 


Autor: Jorge Quindimil

Profesor de Derecho Internacional de la UdC