domingo, 18 de agosto de 2019, 05:47

Huele a fin de ciclo, queda un año de rapiña

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Huele a fin de ciclo. Cuando aquellos que llevan más de una década haciendo business en el entorno de la Xunta y sus satélites comienzan a vender para hacer caja, malo. Entienden que se les acaba el chollo y tratan de colocar sus activos antes de que sea tarde. Dan por amortizado a Feijoo y su gente como en su día previeron la derrota de Fraga. Quedan meses de rapiña antes de que todo acabe. Esto ocurre cuando alguien permanece más tiempo del que debiera en el poder. A su alrededor se crea una tela de araña de espurios intereses que se hace impenetrable para todo aquel que no forme parte de ella. La culpa no es del líder, acaso viva ajeno a lo que sucede a su alrededor o se limite simplemente a mirar para otro lado y dejar hacer. Confía en sus colaboradores  (quiero ser bien pensado) y ya tiene preocupaciones suficientes para ejercer, además, de gendarme de su gobierno.

Feijoo se irá, acaso ni se presente a un nuevo mandato. Hacerlo para perder y salir por la puerta de atrás no parece la mejor despedida. Es verdad que no tiene en su equipo a nadie capaz de reemplazarlo en el cartel electoral. El modelo “ conselleiro mero administrador de un presupuesto” se ha demostrado ineficaz cuando se trata de enfrentarse a las urnas. Lo acontecido en Vigo con Corina Porro es un claro ejemplo, ha tenido que recuperar a la vieja guardia de Fraga para evitar que el PP desaparezca de la escena política local. En el gabinete de don Manuel, salvo Orza, eran políticos antes que cualquier otra cosa. No se escondían en los despachos, salían a la calle a buscar a sus potenciales votantes y se sentían como pez en el agua. Nada que ver con los actuales inquilinos de San Caetano.