domingo, 25 de agosto de 2019, 18:45

Los retos virales despuntan en Galicia, donde cada vez son más los usuarios de redes sociales

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Una experta gallega advierte del "miedo a estar fuera de onda, lo que conlleva una gran frustración e incluso depresión"

El 'Legado do Tibu' en 2014 dio el pistoletazo de salida simbólico de los retos virales en Galicia. Este reto, que consistía en tirarse al río, tuvo una gran acogida en Galicia, del mismo modo que en las últimas semanas se ha viralizado en la comunidad el desafío que supone recoger basura de las playas.

¿Conoces a tu vecino de número?, ¿Puedes conducir con los ojos cubiertos?, ¿Te atreves a bañarte en aguas contaminadas?, ¿Qué serías capaz de hacer para conseguir más likes? Los retos virales se han convertido en una práctica de lo más habitual entre los usuarios de las redes. Hoy en día las apariencias, la aprobación social y el conseguir más comentarios son el fin último, la "clave del éxito".

En declaraciones a Europa Press, la doctorada por la Universidad de Vigo del área de comunicación audiovisual y publicidad Mónica Valderrama señala que conseguir una mayor "movilización" de los contenidos y la participación del mayor número de personas son los objetivos prioritarios de los usuarios de las redes sociales.

Para ello hace hincapié en la necesidad de tener un claro destinatario del mensaje y saber cómo llegar a él. "Las redes sociales segmentan muy bien a la población, tienen 'targets' por lo que es más fácil contactar con el público objetivo", comenta.

En la actualidad, el '¿verdad o reto?' ha dejado la parte de la sinceridad para centrarse solo en la del desafío. De hecho, de acuerdo con la tesis 'El vídeo viral: claves de difusión masiva', de Laura Picazo (Universidad Complutense de Madrid), con la aparición de las nuevas tecnologías, estas prácticas requieren más agilidad e inteligencia.

Por su parte, Mónica Valderrama reflexiona sobre que las redes son ahora el "reemplazo" de la "caja tonta". "Los stories de Instagram son la nueva tele en prime time", comenta.

MAYOR IMPLANTACIÓN
El Instituto Galego de Estatística (IGE) recoge que los gallegos de entre 15 y 39 años son los que presentan las mayores tasas de participación en redes, de casi el 98%.

Pero no se trata de una conducta que afecte únicamente a los más jóvenes, sino que cada año se introduce en el día a día de más generaciones. Entre 2013 y 2018, los usuarios de plataformas como Facebook, Instagram y Twitter de entre 40 y 54 años han ascendido del 38,68% al 95,39%.

Mientras Valderrama cuestiona la existencia de un "patrón común" entre generaciones más jóvenes, también indica que "no todo el mundo lo hace". "Los que no actúan así son casos aislados. Hoy en día existe el miedo a estar fuera de onda, lo que conlleva una gran frustración e incluso depresión", advierte.

Con la expansión de la web 2.0, son cada vez más los contenidos que se propagan por internet. Algunos de ellos nacen con una intencionalidad inofensiva y otros buscan lo extremo para conseguir una mayor audiencia. Y es que en la actualidad "si no lo compartes, no pasó", asevera la experta.

ANTECEDENTES
Entre los retos que daban inicio hace cinco años al fenómeno de la viralización en la comunidad gallega destaca el conocido como el 'Legado do Tibu', de origen gallego, que logró cruzar el Atlántico.

El punto de salida fue Camariñas (A Coruña), parroquia de la que es natural su promotor, Damián Pereira, residente en Suiza. Posteriormente se fue extendiendo por toda la Costa da Morte y comarcas limítrofes. A través de la iniciativa se pusieron en venta una serie de camisetas para recaudar dinero para la lucha contra el cáncer.

No obstante, como suele ocurrir con esta clase de modas, lo que inicialmente tenía una finalidad solidaria, acabó convirtiéndose en un peligro para los usuarios, que cada vez intentaban superarse más en la realización del desafío. Así, se dieron casos de daños irreversibles en individuos que se tiraron al agua en zonas poco profundas.

RETOS PELIGROSOS
Por el ansia de imitar las conductas de aquellos usuarios considerados como 'referentes' y destacar entre las miles de propuestas que navegan por la red, son muchas las persona que llevan estos desafíos al límite, caso de la tendencia generalizada de fotografiarse en lugares que entrañan riesgo e incluso bañarse en aguas contaminadas solo por lograr las mejores instantáneas.

A 386 metros sobre el nivel del mar, el monte Neme se ha convertido en un "balcón natural" que llama la atención de los 'influencers' gallegos y cada vez de más extranjeros que se arriesgan a bañarse en estas aguas tóxicas, procedentes de la antigua mina de wolframio.

"Me la pelan las bacterias. Me voy a bañar todos los putos días del verano para demostraros que ni el wolframio ni radiactivo ni nada, un bulo de 4 galegos raritos", comentaba uno de los bañistas en redes. Días más tarde, el mismo usuario subía fotos de una serie de manchas en la piel consecuencia de esta iniciativa.

Algunos retos, aunque no tienen como punto de origen Galicia, sí afectan a los gallegos, como 'la ballena azul' que incitaba al suicidio y el actual 'BirdBox Challenge', inspirado en una película de Netflix en el que los protagonistas no podían actuar con los ojos vendados.

RETOS INOFENSIVOS
Una de las últimas tendencias generalizadas que azotan las redes es el llamado 'vecino de número', una iniciativa que surgió en 2008 pero se ha vuelto a retomar. Consiste en cambiar el último dígito el número telefónico por uno mayor o menor, variando así solo una cifra.

Mientras algunos se dedican a hacer 'memes' insinuando que sus 'vecinos' son famosos, otros publican fotos y conversaciones con sus destinatarios que, en muchos casos, son menores de edad.

Hay quien ha compartido problemas personales o situaciones laborales por lo que la Guardia Civil ha tenido que intervenir y ha advertido del peligro que supone esta última moda viral, no solo por "contactar con un desconocido" sino también por no borrar el número del usuario y hasta mostrar fotografías personales.

Por su parte, el 'Trashtag Challenge' anima a reunirse para limpiar las playas y otros espacios naturales. Así, cientos de personas se reunieron en arenales de Vigo como Playa América y Patos en una acción desinteresada que solo necesitaba el empujón que ejercieron las redes sociales.

Así las cosas, el "¿a que no hay narices de..?" empieza a usarse como un incentivo para cambiar situaciones negativas como la contaminación, y las tendencias de grupo empiezan a aportar a la sociedad algo más que un simple 'like' en Instagram.