martes, 7 de julio de 2020, 08:37

2.Miopía

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El ejercicio de la política y el buen gobierno en una democracia deben caracterizarse por una serie de virtudes y capacidades entre las que destacan dos que resultan indispensables: el liderazgo y, casi como consecuencia, la visión de larga distancia. El liderazgo, porque los ciudadanos necesitan un punto de referencia personal  en el que se puedan reconocer, en el que depositen su confianza y que les lleve hacia adelante al unísono en pos de objetivos de futuro. Todavía no se ha inventado alternativa al respecto. El talento prospectivo y la visibilidad que proporcionan las luces largas, porque los países necesitan construir con sentido colectivo de la durabilidad y de  la estabilidad, con la vista puesta en las generaciones futuras.


La clase política española y los aparatos de partido que la rodean están hoy sumidos en una miopía galopante, casi ceguera, y en un cortoplacismo táctico que ahoga por efímera  cualquier decisión política y de gobierno que se ponga en marcha. Hemos sustituído el debate por los eslóganes, la estrategia por la dinámica infernal de las redes sociales y las encuestas en tiempo real,  la reflexión serena por los insultos y los chascarrillos, o los pensadores y los filósofos por los aprendices de brujo del marketing electoral. Una volatilidad insustancial que convierte en cenizas la actuación de nuestros representantes, condenados a moverse en una improvisación oportunista permanente, que acaba siempre en un cinismo devastador.


Es urgente que recuperemos para el servicio público a los mejores de nuestra sociedad, a los valientes y a los puros de corazón, a los intelectuales y a los constructores de sueños, a los éticos y a los estéticos. Personas que nos devuelvan la ilusión por participar en las tareas de gobierno y en el ejercicio constante y activo de la democracia. Enviemos al basurero de la historia a los oportunistas, a los hipócritas, a los mediocres, a todos aquellos que consideran patrimonio personal e intransferible lo que nos pertenece. Auténtica renovación, más allá de la cuestión generacional o partidaria. Sólo los mejores.