miércoles, 23 de octubre de 2019, 18:53

3.Narcisismo

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Hace justo cien años, Max Weber pronunciaba una conferencia en Munich invitado por la Unión de Estudiantes Libres de Baviera, bajo el sugestivo título de "La política como vocación". El gran pensador alemán desgranó una serie de cualidades que debían adornar a un político, entre ellas, la pasión, la mesura y el sentido de la responsabilidad. Pero también alertó sobre la mayor amenaza que planea sobre aquellos que quieran dedicarse a la muy noble tarea de representar a los ciudadanos y ejercer el poder: La Vanidad. Un veneno que conduce sin remisión al infierno de la ausencia de objetivos y a una absoluta falta de responsabilidad.


Resulta apropiada esta pequeña reseña histórica a la hora de analizar la calamitosa plaga que nos ha tocado padecer con el último relevo generacional en la política española. Los Sánchez, Iglesias, Casados, Riveras y Abascales de este mundo atesoran múltiples y muy variadas carencias y defectos, pero comparten lo que se ha convertido en el común denominador de nuestra escena pública: El Narcisismo. 


No hay más que observar los comportamientos diarios de estos pequeños aspirantes a líderes para detectar los desagradables olores del cesarismo y  la autocomplacencia, enmarcados en una indigencia intelectual y ética manifiesta. Actitudes que intoxican a sus propias organizaciones y contaminan toda la actividad política y el gobierno del país. Gestos y procederes  de una vaciedad sin precedentes en nuestra historia democrática, que comprometen nuestro futuro.


Conductas ejercitadas además con una enorme dosis de malicia y con la aquiescencia de un electorado en parte anestesiado y en parte indiferente  y unos medios de comunicación atrincherados en posiciones extremas e inamovibles. Si todos los males de la política, gracias una vez más Herr Weber, provienen de la vanidad, en España estamos a las puertas del Infierno.