sábado, 7 de diciembre de 2019, 04:27

Mentiras

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De entre toda la tormenta de noticias que genera desde ayer la sentencia sobre la asonada golpista catalana, el comunicado del Fútbol Club Barcelona y las declaraciones de algunos de sus jugadores destacan con luz propia por lo que tienen de representativo de la narrativa que ha generado el separatismo desde sus orígenes. Una larga y sostenida colección de mentiras sociales, políticas y culturales y de mixtificaciones históricas, todo ello acompañado por unas insuperables exhibiciones de ignorancia y de malicia.


Una narrativa que ha ido calando en muchos grupos de la sociedad española, huérfana de argumentos y de amparo de las instituciones,  para contrarrestar el veneno inoculado por las mentiras mil veces repetidas desde los púlpitos totalitarios de esa antinatural y enfermiza alianza entre parte de la izquierda y los nacionalistas. Sólo así se explican los mantras, de nuevo sacados en procesión, del volvamos a la política o ensayemos una tercera vía. Ya sabemos como son las negociaciones con la cabeza metida en la boca del tigre.


Más allá de la criminal y permanente complicidad y la  oportunista actitud de nuestros políticos ante vascos y catalanes, a los que se añaden cada día nuevos refuerzos producto de un agresivo centrifugado al que sometemos sin piedad a nuestro país, todo el mundo parece olvidar que nos enfrentamos a un ataque frontal contra nuestra Democracia. Un ataque teñido de totalitarismo, supremacía racial, violencia y odio. 


No son casualidad las similitudes del corpus ideológico de los Torra y Ortúzar con las tendencias políticas que amenazan las estructuras y el pensamiento democrático en todo el Planeta y que conforman un nacionalpopulismo supremacista siempre agazapado  en nuestra sociedad. No vamos a detenernos en una sentencia judicial que, a pesar de su posible utilidad política  internacional,  está plagada de piruetas, artificios y componendas.


España y Europa tienen que enfrentarse a esta nueva peste parda con toda la fuerza de nuestra Historia y de nuestras Libertades. El Estado debe hacer acto de presencia de una vez para garantizar la paz, la igualdad y la integridad de nuestro país. Todos los demócratas  tenemos el Derecho y el Deber de participar en esta crucial batalla.