lunes, 9 de diciembre de 2019, 02:12

Una democracia de juguete

|

Es triste tener que asumirlo pero la sensación que tenemos muchos ciudadanos en este país es la de que nuestra democracia es de juguete. Luce muy estética pero es sumamente frágil, cualquiera la puede romper. Lo hicieron los independentistas el pasado uno de octubre y lo hace a diario una administración sometida al poder político. Si no hay una clara separación de poderes la democracia es una filfa y en España esa separación no se advierte. Las últimas sentencias de los altos tribunales coinciden exactamente con lo que el Gobierno demandaba a través de la Abogacía del Estado. Una Abogacía que, por cierto, ha sido capaz de cambiar de criterio en cuestión de días sobre la potestad de un gobierno en funciones de saldar sus deudas con las administraciones autonómicas. Por no hablar del señor Tezanos, responsable del CIS y sus encuestas manipuladas hasta la náusea. O de TVE, convertida en televisión a la carta del inquilino de la Moncloa. 

La servidumbre de la administración al poder político no es exclusiva del ejecutivo central, pasa otro tanto en las comunidades autónomas. Más de lo mismo, sometimiento, manipulación y lo que sea menester con tal de que el jefe (el político de turno) esté tranquilo y de vez en cuando te de una palmadita en la espalda en señal de agradecimiento. Sinceramente, ésta no es la democracia que yo soñaba, no me basta con votar de cuando en vez condicionado por los poderes fácticos. Hemos creado una casta de dirigentes amorales y trepas aupados por una militancia sectaria y protegidos por una administración sumisa. Así las cosas, ante los comicios del 10-N propongo que solo voten los militantes de los distintos partidos, ellos son los responsables de elegir a unos líderes que no están a la altura de lo que la democracia española necesita.